Joel Mieza: "El equipo está respondiendo excepcionalmente bien a cada nuevo reto"
- Leire Pinto
- 20 feb 2021
- 5 Min. de lectura

Joel Mieza (26 años), joven de Barakaldo, es una persona educada, muy desprendido de sí mismo y preocupado por su entorno. Se considera racional, precavido, humilde y coherente con los valores de su casa y familia. De profesión estudió fisioterapia pero actualmente se está preparando para cambiar de dirección e intentar dedicarse a la Educación, para ser profesor de Biología.
Al margen del baloncesto, le gusta dedicarle tiempo a la lectura y aprender sobre casi cualquier tema, aunque ocasionalmente vayan relacionados con el deporte (preparación física, psicología…).

Su trayectoria en el baloncesto como jugador fue muy corta, tan sólo jugó 2 años, pero como entrenador esta va a ser su novena temporada. En esos 9 años, ha entrenado en todas las categorías y prácticamente todo en el baloncesto femenino y ha participado en proyectos como la Tecnificación de la Federación Vizcaína o Selecciones de Bizkaia y Euskadi que le han ayudado mucho a desarrollarse como entrenador. Asegura ser una persona con suerte.

En mi caso fue muy fácil. Se juntaron 3 factores: el primero es que siempre me ha gustado aprender y enseñar, el segundo es que como jugador era extremadamente limitado (por decirlo suavemente) pero sí creo que era un jugador que entendía el juego, y por último que en mi último año como jugador (primer año de Junior) coincidí como jugador con Alberto Cea, y Unai López me inició con él a entrenar un equipo minibasket. Entre ambos, sin quererlo, me hicieron ver que me apasionaba mucho más entrenar que jugar, así que al año siguiente me decidí por dedicarme sólo a entrenar.

Me considero una persona trabajadora, meticulosa y cuadriculada, y me gusta tener todo muy bien planificado y controlado. A veces, esto que puede parecer una virtud puede ser igualmente perjudicial, sobre todo cuando algo falla. Esto obviamente me afecta en mi manera de ser como entrenador.
A la hora de ir a la cancha, me considero alguien muy detallista y al tratar con mi equipo trato de intentar transmitir mucha confianza, tanto en lo que hacemos como en lo que cada una puede hacer.

Creo, cada vez más, que la parte humana es más necesaria que la técnica. Cualidades como la capacidad de trabajo, la empatía, la capacidad de adaptación, la asertividad, ser un buen comunicador… son la base para ser primero un líder completo y luego poder desarrollarte como técnico.
En lo referente a propiamente el baloncesto, creo que las mayores virtudes son la curiosidad, que es lo que nos lleva primero a no dejar de formarnos y segundo a interesarnos por lo que hacen otros colegas, y la humildad, que es lo que ayuda a entender que nunca lo vamos a saber todo y a respetar y valorar cada idea que nos llega.

Para mí es un reto muy especial. Creo que todos los entrenadores viven un proceso de crecimiento, de mejora… del que nunca estás seguro en qué punto estás, pero en este caso algo me decía que podía ser un buen momento.

A nivel personal, creo que para el club es un hito jugar de nuevo una categoría en la que hace más de una década que no estábamos y jugarla con tantas jugadoras que llevan años con nosotros o que hemos formado en casa es una experiencia que tenemos que disfrutar pero sobre todo defender. Es el premio a años de un cada vez mejor trabajo pero a la vez debe ser la semilla de un proyecto asentado y ambicioso.
Y a nivel deportivo, obviamente hay un objetivo claro que es la permanencia y poder asentarnos en una categoría que creemos que es interesante y muy competitiva pero siempre manteniendo una línea clara que desde hace años venimos siguiendo en cuanto a maneras de entender el baloncesto o el papel de nuestras jugadoras de base en el primer equipo.


En general, siempre me gusta partir de que el respeto es la base de todo. Desde el respeto obviamente a los compañeros, como al trabajo del entrenador y por mi parte al trabajo de mis jugadoras… Lo considero un término muy fuerte y que engloba muchos aspectos, así que trato de que sea el eje vertebrador de todo. A partir de ahí, a nivel deportivo, siempre me preocupa que el equipo sea serio en el trabajo, que se preocupe en mejorar día a día y en entender un poco más el juego y lo que queremos hacer, pero sobre todo intentando que haya un buen ambiente de trabajo y que la gente quiera estar aquí.

Extradeportivamente, de todos los equipos que he entrenado o en los que he estado como técnico siempre recuerdo algún momento especial, creo que he tenido suerte con las personas con las que he ido coincidiendo. Pero deportivamente, haber podido vivir dos Selecciones de Euskadi y dos Campeonatos de España de Selecciones creo que no es un momento sino una experiencia increíble y de la que no puedo estar más agradecido.

Para mí hay dos igualmente dolorosos y, curiosamente, pese a que suelo entrenar femenino, ambos son con equipos de chicos.
El primero es una derrota de nuestro Junior Masculino contra Loyola Indautxu hace ya 3 años. Durante los 2 años anteriores ayudé a entrenarlo junto con mi amigo Iker, pero ese año no continué. Aquel año era el final de su etapa formativa. Era un equipo que había trabajado y mejorado y recuerdo que cuando perdieron ese partido estaba en la grada y no pude contener las lágrimas.
El segundo fue una lesión, la de Ander Busnadiego en su primer año Senior. Le pasó siendo yo su entrenador y fue de los momentos más dolorosos que he vivido por la gran persona que me ha demostrado que es. No lo merecía y creo que nunca me he alegrado más de ver a alguien de nuevo recuperado.


Sin duda la pandemia está siendo un factor determinante. Tuvimos una gran suerte durante toda la preparación, nos respetó y pudimos trabajar y prepararnos tal y como queríamos.
Cuando empezamos, sabíamos que no iba a ser un año fácil y que sobre todo nos iba a obligar a adaptarnos constantemente. Por supuesto que está siendo exigente, pero creo que el equipo está respondiendo excepcionalmente bien a cada nuevo reto y sobre todo con un positivismo impropio del momento en que estamos. Y ante esto, como entrenador, sólo puedes responder con mucho más trabajo. En todos los años los equipos tienen que disfrutar y acabar contentos, y este no es una excepción, venga lo que venga.

En los primeros pasos, ser muy humilde, hablar poco y escuchar mucho y, sobre todo, cultivarte humanamente y mantener un hambre constante de trabajar y aprender. Y una vez tienes cierto bagaje y experiencia, recordar esos primeros pasos y tener claras las razones que mantengan viva tu pasión por entrenar.
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